Es
difícil definir qué sea el romanticismo. Su carácter revolucionario es
incuestionable. Supone una ruptura con una tradición, con un orden anterior y
con una jerarquía de valores culturales y sociales, en nombre de una libertad
auténtica. Se proyecta en todas las artes y constituye la esencia de la
modernidad.
Aunque la unanimidad del movimiento romántico reside en una manera de sentir y
de concebir al hombre, la naturaleza y la vida, cada país produce un movimiento
romántico particular, distinto; incluso cada romanticismo nacional desarrolla
distintas tendencias. En Francia o en España se suelen distinguir un
romanticismo de apariencia católica y nacional de otro más liberal y materialista.
En Alemania o Inglaterra se diferencia un primer romanticismo de un segundo
movimiento, más maduro y menos teórico.
El Romanticismo arranca de aquel sujeto que la Ilustración reivindica frente al
hombre que el cartesianismo deja en manos del Ser Supremo. La autonomía del
sujeto como primer logro del pensamiento ilustrado es fundamental para la
concepción que el hombre romántico tiene de sí mismo y en relación a la
Naturaleza.
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